El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

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jueves, 19 de julio de 2012

El arte de Ovidio


Publio Ovidio Nasón ( 43 a. C. - 17 d. C. )

CIEN MUJERES DISTINTAS ME ENAMORAN

Yo no me atrevería a defender
mis desviadas costumbres, ni a esgrimir
defensas engañosas en favor de mis vicios.
Lo confieso –si sirve de algo
el confesar las culpas.
Ahora, tras confesarlo,
vuelvo insensatamente a mis delitos.
Odio y no me es posible
dejar de desear aquello que odio.
¡Ay, qué dura se hace de llevar
la carga que uno intenta sacudirse!
No tengo fuerzas ni jurisdicción
para ejercer dominio sobre mí.
Empujado me veo, como la nave
a la que arrastra un rápido torrente.
No hay un modelo exacto de hermosura
que sea el que despierta mis amores.
Existen cien motivos
para que yo siempre esté enamorado.
Si alguna está en sí misma recogida
con la mirada baja,
me abraso y su recato
es para mí emboscada que me tiende.
Si otra es provocativa, caigo preso
de que no sea una rústica, y me ofrece esperanzas
de que se moverá en el blando lecho.
Si se muestra intratable, imitadora
de las sabinas rigurosas, pienso
que quiere, pero está disimulando
en el fondo. Si culta eres, me encantas
por esas raras artes que te adornan.
Mas, si eres ignorante,
me has complacido por tu ingenuidad.
Dice una que los versos de Calímaco
son rústicos al lado de los míos:
al instante me agrada
esa mujer a la que yo le agrado.
También existe la que me critica
a mí como poeta y a mis versos:
pues sobre mí quisiera yo los muslos
de esa que me censura.
Avanza delicada: me cautiva
su movimiento. Brusca es esta otra,
pero al tocar a un hombre podría ser más tierna.
A ésta, porque canta dulcemente
y modula la voz con gran soltura
quisiera darle besos robados mientras canta.
Ésa pulsa las cuerdas lastimeras
con su pulgar experto. ¿Quién podría
no enamorarse de tan doctas manos?
Aquella con su gesto nos deleita,
mueve los brazos cadenciosamente
y ondula su costado delicado
con suavidad: para no hablar de mí
que me conmuevo con cualquier motivo,
pon a Hipólito y será un Príapo.
Tú, por lo alta que eres, te pareces
a antiguas heroínas y en la cama
puedes ocupar todo con tu cuerpo.
Ésta se presta por su pequeñez
a ser acariciada. Por las dos
yo me pierdo: la grande y la pequeña
van bien para mi gusto.
Una no está arreglada: me imagino
cuánto le añadiría el que lo estuviera.
Otra está engalanada:
ella misma me muestra sus encantos.
La de piel blanca me cautivará,
y me cautivará la sonrosada.
También en el color de piel oscuro
resulta el amor grato.
Si caen negros cabellos sobre el cuello de nieve,
Leda fue deseable por su pelo moreno.
Y si es rubia, resulta que la Aurora
gustó por su cabello de color azafranado.
Mi amor se adapta a todas las historias.
La juventud me atrae, la madurez me llama.
La primera es mejor por su hermosura,
por su comportamiento agrada la otra.
En fin, a esas muchachas que el buen gusto
de todo el mundo aprueba en Roma entera,
mi amor las ambiciona a todas ellas.

[Amores, 2, 4. Trad. Juan Antonio González Iglesias]



REMEDIOS CONTRA EL AMOR (selección)

El amante recompensado, ebrio de felicidad, gócese y aproveche el viento favorable a su navegación; mas el que soporta a regañadientes el imperio de una indigna mujer, busque la salud acogiéndose a las reglas que prescribo. (...) El Amor es fecundo en pretextos y encuentra su alimento en demorar las resoluciones; el día más próximo es el mejor para romper sus lazos. (...) Yo he visto heridas fáciles de cicatrizar al principio, que llegaron a ser incurables por la dilación y el abandono. (...) Apenas te sientas necesitado de los recursos de mi arte, escucha mis consejos, rehuye la ociosidad que favorece al amor, lo  sustenta una vez nacido y es la causa y el alimento de mal tan delicioso. Si vences la ociosidad romperás el arco de Cupido, y blanco de tu desprecio, caerán por el suelo sus antorchas apagadas. (...) ¿Quieres ahuyentar al amor? El amor odia al trabajo; ocupa las horas, y tu salud quedará asegurada.(...) Tú que no aciertas a separarte del ídolo amado, tú que quieres ser libre y no puedes, habrás de recibir mis lecciones. Ten presentes a todas horas las infidelidades de tu aviesa amiga, y no borres de tu memoria las pérdidas que te ocasiona. (...) Reflexiona  día tras día sobre los defectos de tu amiga, y continuando en el mismo tema logra recuperar la salud. (...) Cuanto puedas, mira desde el punto de vista más desfavorable las dotes de tu amada, y que turbe tu buen juicio la línea que separa el mal del bien. Llámala rechoncha si está llena de carnes; si es morena, califícala de negra, y puedes notar de flaca a la que alardea de su esbeltez; si no te ofenden sus toscas maneras, tenla por desvergonzada, y si aparece modesta, despréciala por insípida.(...) Cuando la inclinación se divide entre dos personas, la influencia de la una debilita el poder de la otra. Los ríos caudalosos menguan divididos en multitud de arroyos, y la llama se extingue quitándole la leña de que se alimenta. Una áncora no basta a sujetar las barnizadas naves, ni un solo anzuelo a quien pesca en las corrientes aguas. El que de antemano se preparó un doble solaz, desde entonces aseguró su victoria sobre la fortaleza enemiga. Ya que te entregaste con tan poca cautela a una sola, busca al menos desde ahora su nueva rival. (...) Siempre un nuevo amor acaba con el precedente (...) El amor perdura largo tiempo alimentado por los celos; si quieres ahogarlo en tu pecho, ahoga la desconfianza. (...) Si permaneces solo, te dominará la tristeza, y la cara de tu prenda abandonada se ofrecerá a tu vista como si fuese su misma persona; la noche es más triste que la claridad del día, porque en ella le falta al desdichado el consuelo de los amigos que distraen las penas. No rehuyas la conversación, no cierres la puerta de tu casa, ni sepultes el atribulado semblante en las tinieblas. (...) Si puedes, trasládate a otro hemisferio. El estómago hambriento no es dueño de contenerse ante una mesa bien surtida, y el arroyo que salta incita la congoja del sediento. Difícil empresa la de detener al toro que ve a la ternera, y el potro generoso relincha cuando divisa la yegua. (...) Echa un candado a la lengua, y tu discreción alcanzará el debido premio. Tú, que pregonas los cien motivos que tuviste para romper definitivamente con ella, y las muchas razones que provocaron tus fundadas quejas, cesa en las lamentaciones, véngate mejor callando, y así llegarás a olvidarla sin sentimiento. Preferible es que calles a manifestar que la desprecias. El que confiesa a todos que no ama, ama todavía. (...) Es un crimen aborrecer hoy a la que amabas ayer: tan rápidas mudanzas sólo convienen a caracteres violentos y atroces; basta que no te preocupes de ella: el que trueca el amor en odio, o ama o siente el fin de sus males. (...) Es cosa común acusar a la delincuente y quererla. Cuando el resentimiento desaparece, el amor, libre de lazos, se aleja con prontitud. (...) No declares qué motivos tienes para desear la ruptura, ni confieses la causa de los dolores que padeces en secreto; no le reproches sus deslealtades, porque te abrumará con sus razones; al revés, procura que su causa parezca mejor que la tuya: el que calla da pruebas de entereza, y el que llena de oprobios a su amada, le pide una contestación que le satisfaga. (...) De poca entidad es lo que me queda por advertiros; sin embargo, fue útil a muchos, entre los cuales me cuento. No te entretengas en leer las misivas que guardes de tu dulce amiga: el temple más firme vacila con tan peligrosa lectura. Aun a tu pesar, entrégalas al fuego. (...) Si puedes, aparta de ti su imagen. (...) Asimismo te afligirá la vista de muchos sitios; huye de aquellos que por haber sido testigos de tus dichas, te produzcan impresiones dolorosas.(...) El vino predispone el ánimo al placer, si no se apura con abundancia; mas la embriaguez entorpece nuestros ardientes deseos. Con el viento se aviva la llama, y con el viento se extingue; si es ligero la alimenta, si huracanado la destruye. O no te embriagues, o, si lo hicieres, sea tan grande la borrachera, que te libre de todos los cuidados: en tal alternativa, el justo medio es siempre dañoso.(...) Hombres y mujeres, que sanasteis por la bondad de mis avisos, algún día daréis a vuestro poeta piadosas acciones de gracias.
[Trad. Don Germán Salinas]

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